EL DOLOR DE CORRER

Llevo ya treinta años corriendo. Casi me duele pensar en la cantidad de kilómetros que habré corrido. Pero realmente no me duelen los kilómetros me duele y me ha dolido prácticamente todo el cuerpo. Parece que de correr lo lógico es que a uno le duelan las piernas, los pies y sí, es verdad, pero la gama de dolores que puede llegar a tener un corredor de fondo puede rondar el infinito.

Una pequeña muestra, empezando por los pies: uñas levantadas, uñas clavadas, ampollas, dolores vinculados a la pisada (recuerdo con especial temor la fascitis plantar), dolores en el tendon de Aquiles, dolores en los gemelos (roturas fibrilares, sobrecargas, etc.), dolores en el perone, dolores en la rodilla (ya sean condromalacia a los que vamos ya un poco cascados, el temido menisco y toda una colección ya que la rodillas es un pequeño universo de problemas para el corredor). Los paquetes musculares que van de la rodilla a las caderas aportan todo tipo de incidencias igual que los gemelos. Las caderas también dan problemas al corredor y en su conjunción o centro, las dichosas pubalgias. En el vientre, pues de más de un flato asesino nos hemos dolido todos. Si pasamos al pecho, desde las dolorosas pero leves rozaduras en las tetillas cuando se corren muchos kilómetros y más…

 

No seguiré detallando porque sería un poco absurdo. Por suerte nunca se tienen todas estas dolencias a la vez aunque a menudo una combinación de dos o tres es muy habitual.

 

La cuestión es y si tantas molestias produce correr ¿para qué seguir corriendo?

 

La respuesta es sencilla, porque la sensación de plenitud es aún mayor. Realmente los corredores que llevan muchos años establecen una especie de negociación con su cuerpo, un intercambio entre dolor con placer y salud. Mientras gana el segundo componente no hay problema. Las complicaciones vienen cuando se imponen los primeros y hay que claudicar la mayoría de las veces de forma provisional y en algunas definitiva. Cuantos foros de corredores hay en los que muchos compañeros son consolados ante la desesperación de no conseguir levantar una molestias que no se acaban e incluso se agrava.

 

Esa negociación muchas veces la ganamos gracias a la medicina y a la tecnología. Muchos corredores acaban haciéndose expertos experimentadores en material técnico buscando precisamente eso, la forma de negociar con sus molestias para seguir adelante. Y en esas estamos, gozando y peleando con nuestro propio cuerpo para seguir superando kilómetros y horizontes más allá del dolor y con toda la alegría.

Emilio Sáez Soro