SOBRAN LOS MOTIVOS

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Después de un periodo sin salir a entrenar periódicamente, sin participar en carreras, sin experimentar las sensaciones que nos ofrece el correr, he regresado -como el hijo pródigo- al hogar que durante un tiempo he abandonado. Las exigencias de mi guion personal y laboral no me permiten ponerme las zapatillas todas las tardes/noches que quisiera, pero ya he comenzado a tener encuentros clandestinos con las cuestas de Santa Ana, con las interminables vueltas a la Tebaida y lo mejor, con los aromas a cenas de las estrechas calles de carros y de labranza del casco antiguo. Cómo diría el maestro, sólo con esto, nos sobran los motivos para engancharte a este deporte que tanto te da, sin pedir nada a cambio.

 

El reencontrarme con carreras que ya hice hace años, -este domingo participé en el Pas Ras de Valencia, la última vez que la hice iba al instituto- me ha llevado a disfrutarlas doblemente. Por un lado, es como dar con un mensaje en una botella que escribí y, años más tarde vuelvo a leer. Por otro, disfruto de conseguir objetivos totalmente diferentes a los de años atrás –antes, por ejemplo, mi principal objetivo era hacer más kilómetros que don Javi para ganarle en los campeonatos Sociales-. Ahora, con mi baja forma física me pesan las piernas, a mitad carrera me pueden hacer cualquier pregunta que soy incapaz de articular sujeto, verbo y predicado, no hay metrónomo que pueda medir mi ritmo de carrera… Pero las sensaciones al cruzar la meta son extraordinarias. Ahora, creo que todos los que hemos conseguido pasar bajo el arco hemos metido un gol por la escuadra en la Final de Champions, creo que hemos entrado en otra realidad, estamos ahí, hemos acabado la carrera.

 

Para completar esta nueva etapa, ya sólo me queda que, en un futuro próximo, pueda recorrer los últimos metros y la línea de meta con Emma y Marcos, después de compartir kilómetros y conversaciones de mil batallas con mi querido Rafa.

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