EL FRENÉTICO MUNDO DE LAS CARRERAS POPULARES

EL FRENÉTICO MUNDO DE LAS CARRERAS POPULARES

 

Para cualquier deportista el hecho de que existan competiciones de su actividad resulta siempre un claro estímulo. En la mayoría de los deportes sus practicantes se enfrentan normalmente a estos eventos que se programan en el tiempo de tal forma que cubriendo el calendario supone por lo general una vía única para competir. Esta situación a veces se combina con algún campeonato puntual complementario.

Sin embargo el mundo de los corredores es algo mucho más complicado, especialmente en la Comunidad Valenciana.

Elegir en un mismo día entre cuatro, cinco, seis e incluso más carreras todas ellas a menos de una hora de viaje a veces es todo un dilema. Esto en principio es bueno, pero la cosa se ha ido sofisticando.

Hace años tener una carrera a la que acudir todas las semanas sin hacer grandes desplazamientos no era demasiado fácil. Los organizadores de las competiciones podían encontrar fechas que no coincidiesen con otros eventos clásicos y así garantizarse la mayor atención posible. Eran tiempos en los que los corredores estábamos por lo general, satisfechos con aquello que nos encontrásemos a poco que nos dejasen correr tranquilamente y no nos matasen de sed. No es que fuesen mejores tiempos para el corredor, pero en general eran menos confusos. Aunque parezca mentira, hubo una época no lejana en la que a nadie le preocupaba que el diseño de las camisetas de regalo fuese sistemáticamente hortera y horroroso. Eso es algo que ahora nos preocupa mucho y nos quejamos de que la mayoría de las camisetas sigan siendo horrorosas aunque con colores más vivos. También eran competiciones en las que uno llegaba a la meta, miraba su cronómetro Casio y más o menos se hacía una idea de lo bien o lo mal que lo había hecho y si a lo mejor se enteraba de en que posición había llegado le daba un subidón de relevancia egocéntrica. En estos momentos si no nos dan todos los datos de clasificación, tiempos parciales, tiempo real, tiempo oficial y relación con los de nuestra categoría, club y género, nos quejamos públicamente de que la organización del evento debería dedicarse a otra cosa pues se le tildaría de tercermundista. Igualmente en las carreras populares de hace algún año, si alguien te hacía una foto corriendo y tenías la fortuna de hacerte con una copia te sentías tremendamente feliz pues esas circunstancias eran realmente escasas. Ahora si la competición no provee a los participantes de un nutrido reportaje fotográfico con el paso por meta reflejando el tiempo obtenido, los hay que proyectan su ira y frustración por no conseguir rescatar ese momento de gloria para regocijo de sus amigos y familiares.

Podría seguir así con muchos otros temas que ahora damos por descontados pero que en realidad son nuevas incorporaciones (inscripción por Internet, masaje al finalizar la prueba, detalle del recorrido del circuito, etc.) pero aunque no se trata de renegar de todas las prestaciones y ventajas que se han incorporado al mundo de las carreras sí que seria bueno valorar lo que es realmente importante y que es lo accesorio.

Por ejemplo, ¿de qué sirve que una prueba tenga un marketing deslumbrante, un sistema tecnológico de primera, animadores antes de la salida, etc., si luego la seguridad de los corredores en su aislamiento del tráfico rodado no está bien resuelta. En las tres décadas que llevo asistiendo a este tipo de eventos he visto de todo y muchas veces te das cuenta de lo paradójico que es el planteamiento de algunas organizaciones. No es el momento de acusar a nadie, pero si que diré que son demasiadas las carreras que aún tienen estás contradicciones.

La competencia entre las diferentes organizaciones de estos eventos es en estos momentos muy intensa, especialmente en la Comunidad Valenciana. A grandes rasgos se puede decir que muchos días hay más competiciones en esta comunidad que en todo el resto de España junta, lo cual nos da una idea de la intensa actividad de los corredores valencianos. Creo que esa faceta es algo de loque nos debemos enorgullecer, sobre todo en unos tiempos tan flojos en lo que es la vida pública de esta región. Pero en esa actividad tan bulliciosa se hacen muchas carreras que en un intento de llamar la atención para atraer participantes se centran más en los aspectos que envuelven el evento que en lo que es la actividad de correr en sí misma. Esto, evidentemente no es una constante yexisten circuitos que se nota que han sido mimados en su planteamiento, con trazados muy buenos para correr sin obstáculos, atractivos, bien vigilados, despejados de vehículos, sin tráfico de ningún tipo, para proporcionar al corredor la sensación de que en el momento de su gran esfuerzo nada se interpone más que su propio sacrificio.

Sin embargo, esto que resulta evidente que es lo más importante muchas veces no es posible resolverlo porque los poderes públicos vinculados a los eventos no terminan de “mojarse” y no se ponen los recursos necesarios para ayudar a poner en marcha las condiciones necesarias para que los circuitos sean cómodos y seguros para los corredores. No creo que sea falta de capacidad cuando en muchos municipios cuando salen las procesiones religiosas no se mueve ni una mosca del tráfico sin que le caiga una multa o una grúa encima. Evidentemente es una cuestión cultural, los curas siempre han tenido más peso en este país que los deportistas.

Bien, sin irnos del tema, la competencia entre las muchas carreras del circuito no desemboca siempre en que estas sean mejores por una cuestión de incomprensión en ocasiones del concepto de lo que es un buen evento para un corredor popular. A lo mejor es que hay que empezar a preguntar a los humildes y sufridos corredores populares.

 

Emilio Sáez Soro