Un saltamontes corriendo sobre, y bajo, la nieve

Saliendo a comprar el pan, mirad qué 'carica' de hambre

Como muchos sabéis, este año he abandonado temporalmente nuestras queridas tierras comarcales gracias a la suerte de haber obtenido una beca de estudios musicales. Estoy viviendo en Pésaro (Las Marcas, Italia), situada en el centro-norte del país a orillas del mar Adriático, cuna del gran compositor Gioachino Rossini, sede de uno de los más prestigiosos conservatorios de Italia, lugar de nacimiento del mítico equipo de baloncesto Scavolini di Pesaro (donde debutó Sergio Scariolo)  y ciudad además muy turística, de sol y playa. Al menos esto último es lo que pensé al ver las fotos antes de venir.

Foto tomada desde mi helicóptero de verano, reconociendo el terreno

La zona ofrece innumerables opciones para salir a practicar nuestro deporte: el paseo marítimo, donde vivo, es una inmensa playa de unos 3km de longitud, existe una extensa red de carriles bici de más de 80km que además de atravesar todo el núcleo urbano se interna en bosques, lagos y colinas y une los diferentes pueblos de la región. Hacia el sur la playa continúa ininterrumpida por muchos kilómetros y el carril bici está construido sobre la misma arena, es maravilloso correr con el ritmo de las olas del Adriático a diez metros de distancia. Y al norte se encuentra el parque natural de San Bartolo, que no es sino que un pequeño apéndice de los Apeninos que muere en la costa en forma de altos acantilados. Dicho parque está atravesado por una tranquila carretera de montaña llamada Strada Panoramica (el nombre será por las vistas, digo yo) que lleva hasta Riccione y Rimini, y además está enervado por cientos de caminos, sendas y rutas propicias para el mayor de los ‘calabaseros’ del reino.

Hasta aquí todo normal, idílico, inmejorable. Para colmo las temperaturas, aunque muy bajas y con una humedad rara vez inferior al 90%, eran soportables y me permitieron preparar sin problemas el pasado Maratón de Castellón. Pero con el

Aquí vivo, en la playa. Dispuesto a darme un buen chapuzón...

año nuevo llegó el crudo invierno, y es que al parecer en estas costas nada impide cada año que el famoso frío Siberiano se venga unos cuantos meses a pasar unas vacaciones. Y la foto cambia de una forma asombrosa…

Empecinado además en emprender una nueva aventura atlética, de la cual daré buena cuenta en la web si la consigo, comencé pues mi plan de entrenamientos tele-dirigido por mi amigo Manolo Torres, sobre la nieve y el hielo. No puedo decir que exista una técnica para correr en estas circunstancias, de hecho si la hubiera la desconozco pues son innumerables las veces que he dado con el trasero en el suelo. Que aunque la nieve es blanda el hielo que se esconde debajo te recuerda qué duro es correr. 

Respecto a la ropa pues llevo dos mallas, tres o cuatro mangas, gorro, dos pares de guantes, dos bragas y dos pares de calcetines (no hacen rozadura, se encogen de frío que tienen). Al principio me preguntaba por qué iba tan lento, y enseguida di con la clave, la indumentaria pesa tres kilos. Así que en cuanto pueda correr libre de abrigo iré por lo menos a 3:00/km. Este año gano el Cross de Fiestas, seguro.

Strada Panoramica. Por aquí sólo podemos pasar los quitanieves y yo

Y aunque aunque no os lo creáis nunca había disfrutado tanto corriendo. Con los chavales de las quitanieves dándome ánimos todos los días, nevando a ratos como si se acabara el mundo y hasta con -10ºC me doy una vuelta casi todos los días por la comarca de Pésaro y Urbino (el Alto Palancia de Italia, pero con playa y sin Cincuenta Caños, vamos).

Los Carabinieri me miran con cara de que estoy sonado, tal vez no se equivoquen, los chavales de las quitanieves me dan ánimos y me invitan a subir con ellos pensando que me he perdido y los niños me bombardean y persiguen en los parques con sus destructivas y mortales bolas de nieve (yo contraataco, ¿eh?). Hay días en que los dedos de los pies dicen basta y otros en que he llegado a hacer 25 kilómetros sin enterarme (¿será que me deslizo como El Invencible y Vizca-i en las bajadas?).

Pero en cualquier caso no puedo evitar una sonrisa de oreja a oreja cada vez que salgo a la calle, veo una estampa blanca bellissima (como dicen por aquí) y el viento helado me recuerda a cada momento que estoy vivo. Y es que todos los días que salgo a estirar las piernas formo parte de una fotografía, irrepetible, que nunca olvidaré. 

Dan nieve y mucho más frío hasta finales de Febrero. Como dice nuestro sabio refranero: a mal tiempo, buena cara. Intentaré sobrevivir.

Y mucha suerte a todos en el Medio Maratón de Segorbe y en el viaje a Oliva, en vuestras latitudes tropicales.

En esta 'rochica' se hacen unas subidas tremendas. Para bajar hace falta el trineo

Un abrazo enorme

Raffaello Palomini