Lo que me emociona de correr

http://www.flickr.com/photos/ahdchild/4442844844/

Casi todo lo bueno de la vida tiene detrás una historia interesante. Después de treinta años corriendo fondo puedo asegurar que son muchas las historias que podría contar y aunque parezca presuntuoso, casi todas buenas. Todos esos recuerdos, en unos casos auténticos relatos, en otros ,momentos de gran intensidad se van quedando en la memoria del corredor por un principio básico, están asociados a intensas emociones. Y es que correr en general y fondo en particular, ya sea por el monte o por el asfalto, es una actividad casi siempre emocionante. Estoy convencido que esa es la razón y no otra por la que la mayoría de los corredores perseveran tantos años en una actividad tan austera a la vista como dura en su desarrollo. Por eso, ahora, que en unos meses no estoy pudiendo correr se me acelera el deseo de volver a patear los caminos cuando recuerdo todas esas historias y grandes momentos.

Como aquellas ocasiones que me hice amigo de un corredor porque me recogió en los últimos kilómetros de un carrera porque me vio arrastrándome por el asfalto, o los amigos que hice cuando fui yo el que di apoyo de alguna manera al compañero corredor en apuros. Historias reversibles con amistosos resultados.

O las veces en las que mi familia me ha esperado al final de una carrera recibiéndome siempre como si fuese el ganador de la misma.

También, recuerdo especialmente el momento en la salida de mi primera carrera popular con una vestimenta que ahora parecería bastante cómica. Igualmente me emocionó la primera llegada entre otros miles de corredores aunque podía sentirme perfectamente feliz de estar allí.

Y recuerdo como no la salida de mi primera media marathon, una distancia que para entonces era todo un reto, que lo fue.

También me hace sonreír el empeño de muchos niños pequeños en que choques sus palmas cuando pasas a su lado y su alegría si lo consiguen.

Me emociona recordar todas las situaciones en las que mis fuerzas se colapsaron en mitad de una larga carrera y con el ánimo de los compañeros y mucha vergüenza emprendes de nuevo el camino, te rearmas y llegas como puedes pero llegas.

Y por otro lado, esas pocas pero estupendas carreras en las que todo sale perfecto, te sientes bien desde el primer kilómetro hasta el último, e incluso subes al cajón a recoger algo, que sea lo que sea te sabe a la gloria de comprender la plenitud del momento.

Y recuerdo la alegría, que espero ahora, de esos otros momentos en los que tras un tiempo prolongado sin correr por lesiones u otros motivos, un día, vuelves a la línea de salida y vuelves a ser el protagonista de tu vida.

Me estremezco rememorando las salidas de todas las marathones, porque te alegra profundamente haber podido llegar a ese punto y por otro lado no tienes ni idea de si podrás superar la carrera y de como lo harás.

Y no puedo evitar recordar como en todas las llegadas de esas marathones una intensa emoción es la que ha empujado mis zapatillas más que las pocas fuerzas que me quedaban.

También me hacen sonreír las carreras en las que llevé a mis hijos pequeños en su carrito y ellos me exigían que fuese más y más deprisa.

Me pone la carne de gallina cuando como siempre treinta segundos antes de la salida nos vuelven a poner Carros de Fuego.

Y me siento agradecido a toda esa gente anónima que anima a todos los corredores desconocidos, ofreciéndoles sus refrescos y su comida.

También tengo muchos buenos recuerdos relacionados con ese gran club que es el Saltamontes. Desde los primeros viajes organizados para correr en todos los crosses de la provincia a su presencia constante en mi vida de corredor como catalizador y soporte. Sin ellos, mi trayectoria como corredor no hubiese sido tan rica.

Realmente esto es sólo una muestra de los tesoros emocionantes que guardo en mi memoria. Una memoria golosa que quiere más y más. Por eso, desde la latencia de corredor que ahora vivo no puedo dejar de pensar en ponerme las zapatillas para salir a emocionarme.

Emilio Sáez Soro. 2011